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Curso de Estudios métricos aplicados a la información

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Bibliotecas…

octubre 11, 2008 1 comentario


“Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca” – Jorge Luis Borges

“Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo” – John Ernst Steinbeck

“En Egipto se llamaban las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma. En efecto, curábase en ellas de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás” – Jacques Benigne Bossuet

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Libros…

 

“Lee y conducirás, no leas y serás conducido” – Santa Teresa de Jesús

“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora” Proverbio Indú

“Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer” – Alfonso V

“El regalo de un libro, además de obsequio, es un delicado elogio” – Anónimo

“La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta” – André Maurois

“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro” – Emily Dickinson 

“Es un buen libro aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho” – Bronson Alcott

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No te ves como bibliotecario…

octubre 11, 2008 7 comentarios

Pregunte a cualquier persona en la calle qué imagen viene a la mente cuando piensan en un bibliotecario. Inevitablemente va a decir: una mujer mayor, con el cabello en arreglado y apretado rollo, con lentes, un sweter, y feos zapatos. Por lo general lleva su dedo índice a su boca para decir “Shh”. Para aquellos de nosotros que no coincidimos con esta imagen estereotipada, el comentario usual es algo como: “¡Pero usted no parece bibliotecaria!”

Detrás de esa “caparazón”, o piel de reptil, se encuentra un profesional pleno de competencias. Este puede llegar a convertirse en un súper héroe en lo que respecta a la búsqueda de información y conseguirá en minutos todo tipo de documentos de difícil acceso. Navegará por la red, por diferentes bases de datos y catálogos de bibliotecas, frecuentemente en diferentes idiomas para hacer búsquedas restringidas y pertinentes. Dejará así, a más de uno asombrado. ¿Usted conoce este bibliotecario?

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Jorge Luis Borges en la Biblioteca Carlos Yusti

 

Jorge Luis Borges soñó, o describió con suspicaz detalle, en una de sus narraciones, una biblioteca vasta e infinita. Quizá para escapar un poco de esa biblioteca real, limitada, rutinaria y sin magia donde desempeñaba el cargo de bibliotecario y en la que pudo verificar, de manera lamentable, la arrogante ignorancia de sus otros compañeros de trabajo; quienes en son de burla le comentaron, cierta vez, que a la biblioteca habían llegado unos nuevos títulos en francés, de un autor que casualmente se llamaba como él, Jorge Luis Borges. Éste, un tanto incómodo, intentaba convencerlos que dichos libros eran traducciones de sus textos escritos en castellano, sin embargo sus compañeros sabían, por experiencia, que un bibliotecario no estaba obligado a leer libros y mucho menos a escribirlos. Leer a Borges conforma, por lo general, un ejercicio que oscila entre el asombro y el tedio. Asombro por la variedad de temas que dominaba con ciencia inigualable, y tedio debido a su capciosidad intelectual tan argentina. No obstante presumía Borges, sin falsa o rebuscada modestia, más de los libros leídos que de los escritos. Detalle que habla de su condición de lector inquieto, de su erudición heterogénea y exuberante obtenida a fuerza de lectura, de su memoria paquidérmica que seleccionaba con enorme facilidad fragmentos de lo leído. Mauricio Wacquez apunta: “El desafío que supone su obra es menor que el de cualquier evangelio. Es una summa poética y una poética en sí misma”.

En sus cuentos Borges maneja con soberbia calidad estilística la ficción, aunque lo ficticio desde una perspectiva muy particular y amueblada con un sin fin de lecturas. Los temas predilectos para sus relatos fueron los laberintos, los libros, las bibliotecas, el quijote, la memoria, el tiempo. Más que personajes y atmósferas, Borges se esmeraba por crear un universo pletórico de singularidades intelectuales. En lo que respecta a sus ensayos semejaba a un mago, sólo que en vez de conejos sacaba citas caprichosas y eruditas de sus lecturas favoritas. La temática de sus textos ensayísticos fue, como en sus narraciones, en extremo variada: Pascal, la poesía gauchesca, el tango, Withman, Los libros, El tiempo, Quevedo y un memorioso etcétera.

Sus ensayos eran construidos con un rigor intelectual preciosista, deparándole al lector una aventura de erudición, tanto desde lo lingüístico como del saber universal, infrecuente en muchos otros escritores del orbe.

Los cuentos y ensayos de Borges encierran, en su construcción discursiva y literaria, el pensamiento de un bibliotecario poco común. Con frecuencia hay en sus textos una anotación velada, por lo demás literariamente soberbio, producto de una caprichosa, jocosa y crítica lectura. Borges no era sólo un lector apasionado, dotado de una memoria prodigiosa, sino que fue un amante del saber; un amante irresponsable y pleno de humor de la cultura universal, cuestión que le permitió realizar malabares literarios con lo leído. Sin almidón y con elegante virtuosismo se hizo con las ideas de otros autores, retomó alguna frase, uno que otro verso, y, con gran visión aleatoria supo engranar todo en un comentario breve, coherente y de gran belleza léxica. Así, por ejemplo, escribe sobre la metáfora lo siguiente: “El historiador Snorri Sturluson, que en su intrincada vida hizo tantas cosas, compiló a principios del siglo XIII un glosario de las figuras tradicionales de la poesía de Islandia en el que se lee, por ejemplo, que gaviota del odio, halcón de la sangre, cisne sangriento o cisne rojo, significan el cuervo; y techo de la ballena o cadena de las islas, el mar;…” 

Sobre las traducciones de Las mil y una noches escribió: “Palabra por palabra, la versión Gallard es la peor escrita de todas, la más embustera y más débil, pero fue la mejor leída. Quienes intimaron con ella, conocieron la felicidad y el asombro. Su orientalismo, que ahora nos parece frugal, encandiló a cuantos aspiraban rapé y complotaban una tragedia en cinco actos. Doce primorosos volúmenes aparecieron de 1707 a 1717, doce volúmenes innumerablemente leídos y que pasaron a diversos idiomas, incluso el hindustaní y el árabe. Nosotros, meros lectores anacrónicos del siglo veinte, percibimos en ellos el sabor dulzarrón del siglo dieciocho…” Podríamos continuar enumerando citas, frases y anotaciones reflexivas de este sin igual bibliotecario que en definitiva fue Borges y que sirvió de inspiración al escritor italiano Umberto Eco, para construir el personaje del Monje Bibliotecario (y detective) protagonista de su novela “El nombre de la rosa”. La obra literaria de Borges es un gran homenaje a la buena lectura, él como escritor siempre estuvo consciente de esto. De allí que sus textos narrativos y ensayísticos, sin alardes ni pesadez enciclopédica, proporcionen un sentido de movimiento, de aventura que explora, con naturalidad, el saber humano sin detenerse en fronteras territoriales o lingüísticas.

Se ha querido columbrar en escritores como Andrés Bello o Ramos Sucre los antecedentes más conspicuos de Borges. Bello y Ramos Sucre cultivaron la erudición sin fronteras, su conocimiento de la literatura del mundo fue amplia y en sus escritos las referencias y citas de autores dispares siempre estuvo presente. Dejando por sentado que aprendieron muy bien el procedimiento implementado por Montaigne, quien delineó en la practica los preceptos que rigen el género ensayístico.

A Borges se le reprochó, en muchas oportunidades, su posición de reaccionario impertinente. Sus opiniones siempre hostiles y contrarias a las opiniones aplaudidas en consenso le valieron el escarnio de muchos de sus contemporáneos. Así mismo se le señaló como un erudito engreído, que se escudaba en las ficciones escritas para no asomarse por el balcón de la realidad. A pesar de ello jamás perdió el sentido del humor: “A mí se me combatió por mágico, y ahora ellos, los realistas, quieren hacerse los mágicos. Creo que voy a tener que escribir cuentos sociales,…”.

 

Fuera del fervor hay que señalar a Borges como un escritor que rebasa cualquier cerco que se le pretenda imponer. Los de la academia sueca no lo incluyeron en el Nóbel porque como es del conocimiento público ese es un premio con vocación política y Borges ejerció la política del cinismo en vez del cinismo político, practicado con desfachatez por muchos otros escritores. 

Me gusta en Borges el estilo de inconfundible bibliotecario que impregna su obra, su naturalidad de lector constante. A diferencia de Bello y Ramos Sucre que tuvieron la erudición como un planchado y circunspecto complemento de sus vidas. Borges hizo de la erudición un asunto sin pedestal, una propuesta humorística de enorme belleza literaria. Me apasiona el Borges jovial, que se tomaba todo a chanza, como sucedió aquella vez que la Universidad de los Andes le negó el Honoris Causa, el ciego escritor sólo dijo con asombro e ironía soterrada: “Por fin una universidad seria en el mundo”.

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El Libro por Jorge Luis Borges

octubre 11, 2008 4 comentarios

De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono,
de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: es una extensión de la memoria y de la imaginación. 

En César y Cleopatra de Shaw, cuando se habla de la biblioteca de Alejandría, se dice que es la memoria de la humanidad. Eso es el libro y es algo más: la imaginación. Porque, ¿qué es nuestro pasado sino una serie de sueños? ¿Qué diferencia puede haber entre recordar sueños y recordar el pasado? Esa es la función que realiza el libro. 

Los antiguos no profesaban nuestro culto del libro-cosa; veían en el libro un sucedáneo de la palabra oral. Aquella frase que se cita siempre Scripta maner verba volat, no significa que la palabra oral sea efímera, sino que la palabra escrita es algo duradero y muerto. En cambio, la palabra oral tiene algo de alado, de liviano; alado y sagrado, como dijo Platón. Todos los grandes maestros de la humanidad han sido maestros orales. La antigüedad clásica no tuvo nuestro respeto del libro, aunque sabemos que Alejandro de Macedonia tenía bajo su almohada la Ilíada y la espada, esas dos armas. Había gran respeto por Homero, pero no se lo consideraba un escritor sagrado en el sentido que hoy le damos a la palabra.

En la antigüedad hay algo que nos cuesta entender, que no se parece a nuestro culto del libro. Se ve siempre en el libro a un sucedáneo de la palabra oral, pero luego llega del Oriente un concepto nuevo: el del libro sagrado. Por ejemplo, los musulmanes piensan que el Corán es anterior a la reacción, a la lengua árabe; es uno de los atributos de Dios, no una obra de Dios; es como su misericordia o su justicia. En el Corán se habla en forma asaz misteriosa de la madre del libro: un ejemplar del Corán escrito en el cielo. 

A Bernard Shaw le preguntaron si creía que el Espíritu Santo había escrito la Biblia. Y contestó: Todo libro que vale la pena de ser releído ha sido escrito por el Espíritu”. Es decir, un libro tiene que ir más allá de la intención de su autor. La intención del autor es una pobre cosa humana, falible, pero en el libro tiene que haber más. 

Canta, musa, la cólera de Aquiles, dice Homero al principio de la Ilíada. Ahí, la musa corresponde a la inspiración. En cambio, si se piensa en el Espíritu, se piensa en algo más concreto y más fuerte: Dios, que condesciende a la literatura. Dios que escribe un libro. 
Es curioso que los países hayan elegido individuos que no se parecen demasiado a ellos. Uno piensa, por ejemplo, que Inglaterra hubiera elegido al Dr. Johnson como representante; pero no, ha elegido a Shakespeare, y Shakespeare es el menos inglés de los escritores ingleses 

España podría haber sido representada por Lope, por Calderón, por Quevedo. Pues no, está representada por Miguel de Cervantes. Cervantes es un hombre contemporáneo de la Inquisición, pero es tolerante, es un hombre que no tiene ni las virtudes ni los vicios españoles. 

Es como si cada país pensara que tiene que ser representado por alguien distinto, que puede ser una suerte de remedio, de triaca, de contraveneno de sus defectos. 

Yo diría que la literatura es una forma de la alegría. 

Si leemos algo con dificultad, el autor ha fracasado. Un libro no debe requerir un esfuerzo, la felicidad no debe requerir un esfuerzo. 

Le debemos tanto a las letras. Yo tengo ese culto del libro. Yo sigo jugando a no ser ciego, sigo llenando mi casa de libros. Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad. 
Tomar un libro y abrirlo guarda la posibilidad del hecho estético. ¿Qué son las palabras acostadas en un libro? ¿Qué son esos símbolos muertos? Nada. ¿Qué es un libro si no lo abrimos? Es simplemente un cubo de papel y cuero, con hojas; pero si lo leemos ocurre algo raro, 
creo que cambia cada vez. 

Cada vez que leemos un libro, el libro ha cambiado, la connotación de las palabras es otra. Además, los libros están cargados de pasado. 

Si leemos un libro antiguo es como si leyéramos todo el tiempo que ha transcurrido desde el día en que fue escrito y nosotros. Por eso conviene mantener el culto del libro. El libro puede estar lleno 
de erratas, podemos no estar de acuerdo con las opiniones del autor, pero todavía conserva algo sagrado, divino, no con respeto supersticioso, pero sí con el deseo de encontrar felicidad, de encontrar sabiduría. 

Conferencia completa: 
http://www.geocities.com/into_oblivionn/elotroborges_ellibro.html 

Extractos de una conferencia pronunciada por Jorge Luis Borges en la Universidad de 
Belgrano el 24 de mayo de 1978, publicada al año siguiente en el libro Borges oral, 
Emecé Editores / Editorial de Belgrano, Buenos Aires.

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Sobre bibliotecas y libros…

septiembre 19, 2008 Deja un comentario

 

 

“Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca” – Jorge Luis Borges


“Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo” – John Ernst Steinbeck


“En Egipto se llamaban las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma. En efecto, curábase en ellas de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás” – Jacques Benigne Bossuet

 

“Lee y conducirás, no leas y serás conducido” – Santa Teresa de Jesús

“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora” Proverbio Indú

“Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer” – Alfonso V

“El regalo de un libro, además de obsequio, es un delicado elogio” – Anónimo

“La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta” – André Maurois

“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro” – Emily Dickinson 

“Es un buen libro aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho” – Bronson Alcott

 

 

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